Australia despliega aviones desde Japón para vigilar las operaciones marítimas ilegales de Corea del Norte

Aviones australianos sobre buques norcoreanos
Aviones australianos sobre buques norcoreanos | Imagen generada con IA

La Real Fuerza Aérea Australiana utilizará la base estadounidense de Kadena, en Japón, para realizar misiones de vigilancia sobre posibles transferencias clandestinas de mercancías hacia o desde buques norcoreanos. Será la decimoséptima operación aérea australiana de este tipo desde 2018.

Australia vuelve a mirar hacia los mares que rodean Corea del Norte.

La Real Fuerza Aérea Australiana desplegará aviones de patrulla marítima P-8A Poseidon en Japón para participar en una nueva operación de vigilancia destinada a detectar actividades marítimas prohibidas por las resoluciones del Consejo de Seguridad de Naciones Unidas contra Pyongyang.

El Ministerio de Asuntos Exteriores de Japón confirmó este viernes, 18 de septiembre, que los aparatos australianos operarán desde la base aérea de Kadena, situada en Okinawa y utilizada por las fuerzas estadounidenses.

Las misiones se desarrollarán desde mediados de septiembre hasta comienzos de octubre.

Su objetivo será observar e identificar posibles actividades marítimas ilícitas relacionadas con Corea del Norte, prestando especial atención a las denominadas transferencias de barco a barco.

Estas operaciones permiten trasladar combustible u otras mercancías directamente entre embarcaciones en alta mar y han sido utilizadas históricamente como uno de los métodos para intentar eludir las restricciones internacionales.

¿Qué busca exactamente Australia?

No se trata de interceptar indiscriminadamente barcos norcoreanos.

La misión australiana consiste fundamentalmente en vigilancia, identificación y recopilación de información sobre movimientos marítimos sospechosos.

El P-8A Poseidon resulta especialmente adecuado para esta tarea.

Se trata de un avión de patrulla marítima de largo alcance equipado con sofisticados sensores, radares y sistemas electroópticos que permiten localizar, identificar y seguir embarcaciones sobre enormes extensiones oceánicas.

Desde el aire puede observar movimientos entre barcos, seguir sus rutas y recopilar información que posteriormente permita determinar si una determinada operación podría constituir una violación de las sanciones internacionales.

Australia realiza estas misiones dentro de la Operación Argos, mediante la cual sus Fuerzas Armadas contribuyen a vigilar el cumplimiento de las sanciones internacionales aplicadas a Corea del Norte.

El propio Departamento de Defensa australiano explica que estas operaciones están dirigidas a monitorizar y disuadir transferencias ilegales de mercancías sancionadas entre embarcaciones.

La decimoséptima misión australiana desde 2018

La operación tampoco es excepcional.

Según el Gobierno japonés, será la decimoséptima ocasión desde 2018 en la que Australia despliega aeronaves para realizar este tipo de misiones de vigilancia relacionadas con Corea del Norte.

La continuidad resulta significativa.

Durante los últimos años, Australia, Japón y otros países han mantenido dispositivos periódicos para vigilar los movimientos marítimos relacionados con Pyongyang.

Japón desarrolla además sus propias operaciones de recopilación de información sobre embarcaciones sospechosas de infringir las resoluciones del Consejo de Seguridad.

El Ministerio de Exteriores japonés ha celebrado expresamente el nuevo despliegue australiano y asegura que continuará cooperando con Canberra y otros países para garantizar la aplicación de las sanciones.

El método de las transferencias en alta mar

Pero ¿por qué es necesaria toda esta vigilancia?

Una de las respuestas se encuentra en una operación aparentemente sencilla.

Dos barcos se encuentran en alta mar.

Se aproximan.

Y una determinada mercancía pasa directamente de uno al otro.

No hay puerto.

No hay una terminal convencional.

Y, dependiendo de cómo se realice la operación, puede resultar considerablemente más difícil conocer el origen o destino real del cargamento.

Las resoluciones internacionales adoptadas contra Corea del Norte han intentado precisamente cerrar esta vía.

La Resolución 2375 del Consejo de Seguridad, aprobada en septiembre de 2017, prohíbe a los Estados facilitar o participar en transferencias de mercancías hacia o desde embarcaciones con bandera norcoreana cuando estas operaciones vulneren las restricciones establecidas.

Posteriormente se adoptaron medidas adicionales.

Las sanciones internacionales limitan, entre otras cuestiones, determinadas importaciones norcoreanas de petróleo crudo y productos refinados y prohíben diversas exportaciones utilizadas históricamente por Pyongyang para obtener divisas.

La vigilancia marítima intenta impedir que esas restricciones puedan esquivarse trasladando mercancías de una embarcación a otra lejos de los puertos.

Una partida que se juega en el mar

El problema es que vigilar este tipo de operaciones resulta complicado.

Los mares que rodean la península coreana y China son enormes.

En ellos navegan diariamente miles de embarcaciones comerciales.

Identificar un encuentro sospechoso exige localizar los barcos, determinar su identidad, analizar sus movimientos y documentar lo que ocurre.

Ahí entran en juego aeronaves como el P-8A.

La misión australiana permitirá realizar largas patrullas marítimas desde Okinawa y observar determinadas áreas utilizadas por embarcaciones relacionadas con Corea del Norte.

Pero existe una distinción importante.

Que Australia despliegue aviones para buscar posibles transferencias ilegales no significa que se haya detectado una nueva operación ilegal concreta.

El anuncio japonés describe una misión preventiva de vigilancia.

Por tanto, no existe base para afirmar que estos aviones hayan descubierto ya una transferencia clandestina durante este despliegue.

Kadena, una posición estratégica

La elección de la base aérea de Kadena tampoco es casual.

Situada en Okinawa, al sur del archipiélago japonés, proporciona una posición privilegiada para realizar operaciones aéreas sobre amplias zonas del mar de China Oriental y las aguas próximas a la península coreana.

Los P-8A australianos utilizarán estas instalaciones en virtud del acuerdo relativo al estatus de las fuerzas de Naciones Unidas en Japón.

Desde allí pueden realizar misiones de varias horas antes de regresar a la base.

El despliegue convierte así a Japón en la plataforma logística desde la que Australia participa directamente en la vigilancia marítima del régimen de sanciones contra Corea del Norte.

Australia lleva años participando

Canberra mantiene desde hace años una posición activa en este dispositivo internacional.

La Operación Argos utiliza periódicamente tanto buques de la Marina australiana como aeronaves de patrulla marítima de la Fuerza Aérea.

El objetivo declarado por Australia es contribuir a la aplicación de las resoluciones del Consejo de Seguridad relacionadas con Corea del Norte.

Japón, por su parte, desarrolla sus propias tareas de recopilación de información y publica periódicamente imágenes de embarcaciones sospechosas de haber participado en transferencias en alta mar.

Australia tampoco está sola.

Países como Canadá, Nueva Zelanda, Francia y Reino Unido han participado en diferentes momentos en operaciones destinadas a vigilar posibles evasiones marítimas de las sanciones.

La presencia australiana forma parte, por tanto, de un mecanismo de vigilancia mucho más amplio.

Un sistema de sanciones bajo presión

La nueva operación llega además en un momento peculiar para el sistema internacional de vigilancia sobre Corea del Norte.

En 2024 dejó de funcionar el Panel de Expertos del Comité 1718 del Consejo de Seguridad, que durante años había investigado posibles violaciones de las sanciones.

La renovación de su mandato fue bloqueada por Rusia.

Posteriormente, un grupo de países —entre ellos Australia, Japón, Corea del Sur, Estados Unidos, Canadá, Francia, Alemania, Italia, Países Bajos, Nueva Zelanda y Reino Unido— creó el Multilateral Sanctions Monitoring Team (MSMT) para continuar documentando posibles evasiones.

Esta misma semana el MSMT publicó un nuevo informe centrado en trabajadores norcoreanos enviados al extranjero, mostrando que la vigilancia sobre las diferentes vías utilizadas por Pyongyang para obtener recursos continúa pese al debilitamiento del antiguo mecanismo de Naciones Unidas.

El P-8A vuelve a mirar hacia Corea del Norte

Durante las próximas semanas, por tanto, un avión australiano despegará periódicamente desde territorio japonés para observar algunos de los mares más vigilados —y políticamente sensibles— del planeta.

No necesariamente encontrará nada.

Y precisamente ahí reside una parte importante de estas operaciones.

La vigilancia no solo pretende descubrir una transferencia prohibida cuando ya está ocurriendo.

También busca aumentar el riesgo de ser detectado.

Cada fotografía, trayectoria registrada o encuentro entre embarcaciones puede convertirse posteriormente en una pieza de información utilizada para reconstruir redes comerciales, identificar barcos o documentar posibles incumplimientos.

Mientras Corea del Norte continúa desarrollando sus programas nuclear y balístico, otra confrontación mucho menos visible continúa desarrollándose lejos de los desfiles militares y los lanzamientos de misiles.

No ocurre en una plataforma de lanzamiento.

Ocurre en alta mar.

Y esta vez Australia vuelve a observarla desde el cielo.

ARTÍCULOS RELACIONADOS

Scroll al inicio